Los descansos de las escaleras tienen una pared de vidrios de colores que emulan el arte del estilo neoplasticista del holandés Piet Mondrian
Por Gustavo Martínez Puga
gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com
Tenía 90 habitaciones alfombradas, con placar y baño. Los pasillos con piso parqué. Los descansos de las escaleras están al Este y dan a los paneles de madera con vidrios de colores que emulan un mural del artista holandés Mondrian. Los ascensores tenían hasta los motores listos. Pero todo esto se deterioró en estado virgen. Lo que si alcanzó a ser disfrutado por los sanjuaninos es el emblemático entrepiso: es el espacio diseñado como un SUM (Salón de Usos Múltiples) que tiene el ancho y el largo del edificio, con dos barras, y supo ser un reducto de fiestas del secundario y por el que pasaron bandas de rock como Miguel Mateos Zas en los ´80. Pero llegó el abandono y todo esto se transformó en aguantadero, residencia de usurpadores y en los últimos años un palomar VIP ubicado en el corazón del micro centro sanjuanino.
Ahora esa imagen empezó a cambiar y ese monumento a la desidia ya tiene obreros trabajando que le empezaron a cambiar el aspecto al edificio de más altura en el Este de la Ciudad.
Ese hotel que levantó el sanjuanino Salomón Svestskin en los ´70 nunca inauguró. Este empresario falleció antes de que lo abrieran al público y no dejó herederos directos que finalizaran su obra. Con el paso del tiempo, el edificio empezó a ser usurpado por todo tipo de vándalos, desde payasos hasta comunidades hippies con niños que dejaron leyendas y dibujos con tiza en las paredes que aún hoy pueden leerse.
40 años después, el edificio fue adquirido por los hermanos Vicente y Joaquín Mulet, de la empresa Mulet Construcciones, por un monto que prefieren no informar, aunque precisan que es mayor la inversión en la recuperación que lo que costó el edificio.
Por ahora no tienen decidido el proyecto final que tendrá el edificio. Lo que sí tienen resuelto es que “de las 90 habitaciones quedarán 54, porque esos cuartos eran muy pequeños y se está derribando los tabiques para transformar dos habitaciones en un solo ambiente”, explicó el arquitecto responsable de la obra, Eduardo Notario.
Previo a este trabajo, los obreros debieron levantar las alfombras, que si bien nunca fueron usadas están totalmente deterioradas por el abandono y las pilas de excremento de paloma que durante año vivieron en ese edificio. También picaron los pisos para cambiar las cañerías y desarmar los baños de azulejos negros de cada habitación. Y cambiarán la red de agua potable, las descargas cloacales y las pluviales. Parte de la remodelación incluye un nuevo sistema contra incendio y todas las instalaciones eléctricas.
“Puede ser que se transforme en un apart para alquilar y en departamentos para residencia. Pero es algo que todavía no lo tenemos decidido porque le hemos dado prioridad al restablecimiento de las áreas comunes del edificio –ver recuadro-”, precisó Vicente Mulet.
Esta refuncionalización del primero al sexto piso del edificio no implica hacer cambios en la estructura, debido a que no hizo falta consolidarlo después del terremoto de 1977. Además, un peritaje privado realizado por los Mulet antes de adquirir el lugar arrojó que la estructura estaba en perfectas condiciones.
La planta baja y el subsuelo está divididos en 16 unidades, de las cuales algunos de esos negocios fueron adquiridos por Mulet a los descendientes de Svestkin. Mulet sí es el único dueño desde el primero al sexto piso y en julio fue designado como administrador del edificio. Originalmente en el primer piso el edificio estaba dividido en 5 unidades, el segundo piso en 13 y desde el tercero al sexto en 17 unidades. Estos ambientes incluyen lavaderos, sala de máquinas, cocina, departamento de servicio y otras dependencias típicas de un hotel.
Pero ahora todo eso será rediseñado y se apostará a recuperar los espacios originales. Es que muchos de los propietarios de los locales de la galería de la planta baja ampliaron sus instalaciones a los espacios comunes del edificio. Por ejemplo, la verdadera entrada al edificio es por el salón ubicado sobre calle Ignacio de la Rosa, al este de la galería, donde supo funcionar una juguetería. Allí había un halla de entrada y un entrepiso que llevaba a las escaleras y ascensores de ingreso a los pisos superiores. Pero todo eso dejó de funcionar porque algunos dueños de locales comerciales de la planta baja extendieron sus negocios hasta las escaleras y pasillos de ingreso a los pisos superiores.
Marzo de 1960 quedará en la memoria emotiva de los sanjuaninos como el mes en que se inauguraba la Galería Estornell. Fue un símbolo de progreso, esfuerzo y apuesta por San Juan, ya que todavía la Provincia se estaba levantando de los cimbronazos de los últimos terremotos.